25 dic 2014

24 dic 2014

¿Marx en el Siglo XXI?


¿Es posible aún hablar y estudiar el Marxismo?


Historiadores para no olvidar: Josep Fontana.

Josep Fontana es uno de aquellos historiadores que tiene el privilegio de solo ser presentado por su nombre. A mas de un año de la publicación de "El futuro es un pais extraño" reproducimos esta entrevista donde el autor reflexiona sobre su ultima obra.

Saber y Poder en la Universidad de masas.
(TPC)



En palabras cercanas, específicamente en palabras de rectoría: “La necesidad de actualizar los perfiles académicos al interior del Instituto de Historia y Ciencias Sociales, para lograr mayores niveles de productividad académica y científica, en conformidad con los nuevos estándares y requerimientos existentes en el actual sistema de educación superior.

A lo que naturalmente, cabría preguntar: ¿Cuales son aquellos estándares y requerimientos científicos y en qué contexto se desarrollan? Como ya hemos visto, no lo hacen en un ambiente progresista, ni mucho menos crítico. Lo hacen desde, y para, los intereses del capital, específicamente del capital extranjero de carácter norteamericano.
¿Cuáles han sido los efectos de esta cruzada en las universidades del mundo? ¿Cuáles serán los efectos que tendrá, seguramente, en este Instituto?
Intentemos entregar un razonamiento histórico a esta situación. Comencemos.


En la década de los 80´ con las reformas neoliberales de Thatcher y Reagan y el lento hundimiento de la URSS, comenzaba a dibujarse el panorama de lo que sería el mundo hasta el día de hoy. Enzo Traverso lo ha planteado de forma bastante clara: “El año 1989 no es una simple marca en el desarrollo cronológico del siglo XX. Lejos de inscribirse en la continuidad de una temporalidad lineal, indica un umbral, un momentun, que cierra una época para abrir otra”. 
Una vez que cayó el muro de Berlín, colapsó la URSS y el comunismo se desintegró a nivel internacional, Estados Unidos se alzó como aquel paradigma que había logrado quedar en pie, ante todos sus enemigos en el suelo derrotados.
Desde aquel instante, y expresado con  fuerza en el Consenso de Washington, Estados Unidos emprendió una reestructuración del mundo. Un nuevo mundo a su imagen y semejanza. Un mundo articulado en torno al bien del imperio.
El modo de producción neocapitalista logró avanzar e imponerse sin resistencias considerables o consistentes.

Como todo modo productivo, es decir como una totalidad concreta, el modo productivo neocapitalista no implicaba solamente la modificación de las relaciones económicas o infraestructurales. También implicaba una modificación de las relaciones jurídicas (desechar todos los logros legales conseguidos por la clase obrera), una modificación de las relaciones políticas (los gobiernos como tecnocracias que solo “administran” un orden natural de las cosas). Y por último, lo más importante, una modificación de las relaciones científicas y las relaciones ideológicas. Para ello, la modificación del sistema educativo y sobretodo el universitario era la gran prioridad, pues, en cierta medida, los medios de comunicación masiva ya estaban controlados por el capital.
Sin duda la modificación de las relaciones ideológicas aparece como la más relevante de todas. La ideología condiciona y determina nuestras relaciones con lo real, ella es el marco de referencia que mediatiza las acciones de las mujeres y los hombres con sus condiciones de existencia. Ella justifica una realidad determinada, la naturaliza y determina el pensamiento y la práctica de los individuos en sociedad.
Uno de los intelectuales que ha reflexionado con mayor detención sobre el rol que juega  la ideología, es el filoso francés Lois Althusser. Althusser demostró que la ideología tenía tal relevancia y tal fuerza que en ningún caso podía ser reducida al plano superestructural.
La ideología más que estar ubicada en los últimos pisos del edificio social, sería el cemento que entrega unidad al edificio entero. La ideología está presente en el momento económico, en el político, en el jurídico, y hasta en el científico.
La ideología es omnipresente y eterna, como el inconsciente en Freud.
Se comprende entonces la preocupación y los esfuerzos realizados en este terreno por Norteamérica. El esfuerzo político/ideológico desarrollado por Estados Unidos apuntaba hacia un objetivo concreto: Congelar la percepción de los tiempos. Congelar la concepción del tiempo económico, el jurídico, el político y el ideológico: La gran política del neoliberalismo ha sido la negación del cambio social a través del tiempo. La negación de la política. En último termino, la negación de la Historia.

La Universidad que si bien nunca fue un espacio totalmente critico contaba con ciertos focos de resistencias que eventualmente podían denunciar estas políticas impulsadas por los halcones de Washington. Ella fue uno de los principales blancos en la cruzada ideológica de Estados Unidos. Ya se controlaban los medios comunicativos, ahora solo faltaba controlar la educación.
Para que esos focos contra-hegemónicos fueran anulados o invisibilizados era necesario atacarlos en su raíz, es decir, quitar autoridad y prestigio a la institución universitaria. Lo ideal era reducirla a un espacio más dentro de muchos en la nueva sociedad, una institución como cualquier otra, sin mayor peso teórico, sin mayor peso ideológico.
Los tecnócratas neoliberales recogieron de la opinión pública el rechazo a algunas de las prácticas de las universidades y las inflaron para que pareciesen mayores de lo que realmente eran. Se buscaba quebrar la relación entre la universidad y la sociedad.
Respaldándose en la opinión pública, los tecnócratas rápidamente condenaron a las Universidades por estar presas de un modelo “anticuado” (casi decimonónico). Había que actualizarlas, ponerlas al día con los nuevos tiempos. Había que sacarlas de su “pereza”, de su “modorra intelectual” y hacerlas “productivas”.
Las Universidades se han visto envueltas en un huracán productivista que privilegia las publicaciones de artículos en cuanto cantidad y no en cuanto calidad. La “calidad” de un académico se mide por la cantidad de artículos publicados en revistas indexadas.  (Que nadie lee, y que no le importan a nadie, salvo a los especialistas).
Con la llegada de esta filosofía productivista se proletarizó la labor académica/docente hasta niveles insospechados. Ya no importaba nada, solo publicar. Si había que plagiar se plagiaba. Si había que mentir, se mentía. Si había que pegar coletazos a los colegas con tal de ganar espacio en una revista o mejor aún ganar un proyecto, se pegaban los respectivos coletazos. Los homus académicos se convirtieron en caníbales.
Fueron pocas las voces que se levantaron contra esta nueva situación. Por lo general, la nueva generación de académicos (inclusive en el mundo de la historiografía) que ya habían sido adoctrinados por la filosofía neoliberal desde su casa, desde su escuela o desde sus televisores, no cuestionaron esta política y la tomaron como un orden natural. Algunos inclusive se auto-validaron a si mismos aludiendo a su cantidad de publicaciones en revistas que muy pocos leen, o por ganar proyectos financiados por los gobiernos de turno que muy pocas veces patrocinan conocimientos verdaderamente críticos.
Ahora bien, no solo la filosofía del productivismo en clave neoliberal fue el arma de combate de los tecnócratas, ellos se valieron de una segunda filosofía: La filosofía posmoderna. El posmodernismo contaba con un elemento que a los ojos de Estados Unidos parecía muy valioso: La relativización discursiva de la realidad. En palabras simples: la igualdad de discursos. La validez de todos los puntos de vista.
En estricto rigor esto no debería parecernos tan nefasto. Cada cierto tiempo se nos recuerda la importancia de escuchar con tolerancia y respeto al “otro” y que todos tienen derecho a manifestar sus opiniones. Hasta aquí no habría gran problema. No obstante, los inconvenientes surgen cuando se trata de defender realidades indefendibles: Como relativizar los excesos políticos de la derecha aludiendo a que “es su punto de vista” o justificando la pobreza y la explotación porque “es nuestro punto de vista” etc.…creemos que no es necesario entregar mas ejemplos. La igualdad de los discursos es un problema serio para las contra-hegemonías, pues, ellas pueden estar señalando problemas sociales serios, pero como “solo es un punto de vista” pierde toda significación o valoración política. La igualdad discursiva es tremendamente paralizante. Todos son puntos de vista, interpretaciones, lo “real” no existe, es solo una perspectiva más. El hambre, la miseria y la explotación también serian un punto de vista…
En síntesis: Norteamérica ha colonizado nuestros saberes y nuestras representaciones mentales, reprimiendo toda discrepancia con el garrote del neoliberalismo y/o disfrazándolo con el oscuro lenguaje del posmodernismo y la igualdad discursiva.
Con la consolidación del neoliberalismo (y su ideología disfrazada como no-ideología) muchos pensaron que habíamos llegado al fin de la Historia. No obstante, Los funerales eran algo prematuros. Pronto surgirían y resurgirían Contrahegemonías que de forma muy tímida -y a veces bastante tosca- comenzarían a cuestionar este modelo de civilización. Aquí y allá se levantaron nuevas voces que cuestionaron y condenaron los excesos del Nuevo Orden Mundial. Y que propusieron alternativas a ella.

Es por ello que hoy más que nunca, es necesario que los espacios contra-hegemónicos, acosados por el productivismo y también por el posmodernismo, comiencen a pasar a la ofensiva. Ya no basta con defenderse, hay que tomar la iniciativa y luchar contra la ideología dominante. Para conseguir esta difícil tarea, la formación teórica es esencial, pues, ella es la herramienta para la lucha contra la ideología. Por su parte, la lucha contra la ideología, es una lucha política. Estudiar, cambiar el modo de pensar, y por lo tanto de actuar, también es praxis. Quizás la mayor forma de praxis.

Figura central de la intelectualidad del siglo XXI, autor "Imperio" una obra que, sin lugar a dudas, ya es un clásico del pensamiento contemporáneo.




Entrevista EN ESPAÑOL realizada a este gran historiador del Siglo XX.


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